Cuando tu alma está tan quieta, tan llena y tan libre de miedo...
Cuando nada parece tan fuerte que pueda hacerte caer...
o cuando respiras el aire y lo sientes tan tan liviano en tus pulmones... y sonríes..
esa sensación te hace envidiable a los ojos que pasan a tu lado, los que reflejan la otra parte de la vida, no tú vida, sino otras, vacías, sin luz o razón. Los miras y te sientes tan ajeno a ellos, al mundo..
es como si pasaras por fuera de un planeta de seres totalmente diferentes a ti...y sonríes.
Es como si vieras una película en blanco y negro, de temas que nunca te tocarán..y te ves tan lejano a eso...y sonríes.
Cuando estás bien no necesitas que te digan que te aman, no necesitas el calor de una mano tibia junto a la tuya, o una oración que se transformase en plegaria en tu oído...
Cuando estás bien las cosas simples se vuelven invaluables e inexplicables. Lo innecesario se vuelve aun más innecesario y los detalles adquieren un valor color ámbar.... los sueños pareciera que se multiplicaran por mil y todos son igualmente posibles de realizarse.
Aparece una música dentro de ti. No es la música que viene de afuera, tú proyectas una melodía propia, una armonía que precisamente viene de esa armonía de tu alma...y sí, hay quienes logran escucharla aunque no lo pretendas. Nada hay mejor.
Los aromas cambian, porque no los tienes que respirar o buscar en el aire, sino que llegan a ti como si anhelaran ser descubiertos por aquel que sonríe tanto, y luego se alojan en tu piel y comienzas tú a formar parte de ellos... de esos aromas, esos vientos...
Cuando estás bien no piensas que eres feliz.
No piensas. No lo necesitas.
Y te preguntas cuándo fue que alguna vez necesitaste pensar...
Cuando estás bien, la vida no sigue, ni para; se desliza.
De eso hace tanto ya...







