jueves, 26 de agosto de 2010

Cuando estás bien...

Cuando tu alma está tan quieta, tan llena y tan libre de miedo...

Cuando nada parece tan fuerte que pueda hacerte caer...
o cuando respiras el aire y lo sientes tan tan liviano en tus pulmones... y sonríes..
esa sensación te hace envidiable a los ojos que pasan a tu lado, los que reflejan la otra parte de la vida, no tú vida, sino otras, vacías, sin luz o razón. Los miras y te sientes tan ajeno a ellos, al mundo..
es como si pasaras por fuera de un planeta de seres totalmente diferentes a ti...y sonríes.
Es como si vieras una película en blanco y negro, de temas que nunca te tocarán..y te ves tan lejano a eso...y sonríes.

Cuando estás bien no necesitas que te digan que te aman, no necesitas el calor de una mano tibia junto a la tuya, o una oración que se transformase en plegaria en tu oído...
Cuando estás bien las cosas simples se vuelven invaluables e inexplicables. Lo innecesario se vuelve aun más innecesario y los detalles adquieren un valor color ámbar.... los sueños pareciera que se multiplicaran por mil y todos son igualmente posibles de realizarse.

Aparece una música dentro de ti. No es la música que viene de afuera, tú proyectas una melodía propia, una armonía que precisamente viene de esa armonía de tu alma...y sí, hay quienes logran escucharla aunque no lo pretendas. Nada hay mejor.

Los aromas cambian, porque no los tienes que respirar o buscar en el aire, sino que llegan a ti como si anhelaran ser descubiertos por aquel que sonríe tanto, y luego se alojan en tu piel y comienzas tú a formar parte de ellos... de esos aromas, esos vientos...

Cuando estás bien no piensas que eres feliz.
No piensas. No lo necesitas.
Y te preguntas cuándo fue que alguna vez necesitaste pensar...

Cuando estás bien, la vida no sigue, ni para; se desliza.



De eso hace tanto ya...





sábado, 21 de agosto de 2010

Yo nací.

Algunos nacen para amar.
Otros nacen para luchar.
Otros quizás para que apreciemos su belleza física.
Otros, simplemente, nacieron por el gusto de nacer.

Yo nací para creer. Para creer que no todo esta perdido. Que la felicidad sí existe y que no es utopía sonreír porque sí.


Para eso nací.




sábado, 14 de agosto de 2010

Décimas.

De nuevo perdí la ruta,
navego por los desiertos,
camino por mares muertos,
la noche entera se enluta.

El sol se metió en su gruta,
los mares se hunden mojados
yo soy un nervio de atados
un llanto largo y profundo
no sé porque me confundo
con tus amores cansados.

De noche muestra la luna
su rostro alumbrado y triste
el cielo al fin se desviste
la muerte mece su cuna.

Que al fin la mala fortuna
se vaya a dormir un rato
se quite traje y zapatos
se olvide de mi existencia
que yo frente a su sentencia declaro mi desacato.

La vida es viaje fecundo,
se puentes hacia los otros
volaste el que había en nosotros
te fuiste por esos mundos.

El frió cayó rotundo
tu olvido mostró los dientes
no sabes como se siente tener este miedo mudo
pasado el sueño a futuro no sé vivir el presente.

viernes, 13 de agosto de 2010

De la mano.

Simplemente estas cosas se cuentan porque se tienen que contar. Sin un fin único o particular.
Era el invierno del 51' y acababa de dejar de llover. La humedad del aire se posaba entre mis dedos y temblaba. Sería la última vez que vería aquél lugar, tan habitado y tan desierto a la vez...tan lleno de vida y tan gris a la vez... Sería la última vez que respiraría ese aire dulce, pero dulce casi dulzón, casi sólidamente chocante. Era la gran cantidad de rosas que había más allá, y que estaban tan juntas entre ellas que el rocío no caía por estar en el espacio entre los pétalos de las flores.
En el segundo antes de que mis piernas intentaran estirarse para pararme del asiento de aquella desolada plaza, vi cómo dos ancianos entraban al lugar, tomados del brazo de una forma tal que se afirmaban el uno con el otro para no caer en el piso adoquinado y resbaladizo. Sus caras eran blancas, pero sus ojos brillantes y relajados. Hablaban y reían, y caminaban a paso lento, sin el apuro de llegar jamás a un lugar. Nunca vi nada parecido. Mis manos se separaron y se movieron como siguiendo el movimiento de aquéllos ancianos, que se sentaron y miraron en dirección a las rosas, que para ellos parecía tener otro aroma. El hombre tomó la mano de su mujer, se inclinó lentamente con un cierto dejo de temblor y la besó. Ella sonrío como si hubiera tenido 15... y tomó la cara del hombre sentado a su lado, como queriendo decirle algo sin palabras. Esa sensación de querer sentir la tibieza de aquella mano me conmovió a tal punto que di unos pasos temblorosos en dirección a ellos, pero sin avanzar siquiera 5 centímetros. Luego el hombre sacó tiernamente la mano de la mujer de su rostro y puso en ella una caja pequeña pero relativamente larga. Ésta lo miró asombrada, y sin reír abrió la cajita. Después de 3 segundos, o 2, ella sacó una pequeña muñeca. Era de trapo, de piel blanca pero raída, y su pelo era de lana amarilla. Los ojos eran botoncitos de madera, y tenia un vestido de un particular color azulino. La mujer la sostuvo por un momento y luego fijó su vista en el hombre. Cuando seguí su mirada y llegué a los ojos del anciano mi corazón se estremeció y no pude reprimir un sollozo de culpabilidad, por estar violando la profundidad de aquellos ojos celestes. En ellos vi la combinación de niñez y vejez, de picardía llena de nostalgia de tiempos mejores, en donde ambos habían soñado con ponerle un nombre a aquella muñeca, que tanto tiempo pasó perdida. Hasta ahora. La vida que podía llegar a tener una piel tan gastada y triste, el amor real que se guardaba en esos corazones viejos pero que por alguna razón yo podía ver... podía ver todo esto, sin dificultad alguna, sin esa dificultad que se tiene para ver el propio corazón... Los corazones de estos viejos hablaban a través de una caja, de sus manos tomadas, y del color rosa pálido del rostro de la mujer.
Di la vuelta justo en el instante en que vi el color de sus mejillas y comencé a caminar... trotar... correr... ¿cómo era posible que hace 30 minutos quisiera acabar con mi vida? ¿cómo el alma de un hombre pudo estar tan ciega como la mía? Lo que vi hacía un rato bastaba para darme cuenta de lo equivocado que estaba.

Nada más faltó.

Mientras apaciguaba mi andar pensé en el color del vestido que tendria la muñeca de mi caja...

miércoles, 4 de agosto de 2010

Amar y dejar partir.-

Lo que algún día tuvo comienzo tendrá fin
somos lluvias en un río de abril.

Todo se marcha, todo nos deja seguir
es pañuelo que se agita, vivir

Cuando no estés serás una sed
hebra de luz en mi ser .. tu ser

Cuánto camino hicieron mis pasos aquí
hoy soy sólo los abrazos que di

La arena sabe amar y dejar partir
quién pudiera tan liviano fluir

Cuando no esté me harás florecer
en tu recuerdo y seré .. seré

Alexander Pope

..."¿Cuán feliz es la suerte de la inocente vestal? Al mundo olvida y el mundo la olvidó. El eterno resplandor de la mente inmaculada acepta todas las plegarias y renuncia a todos los deseos"...

[Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos]