Por alguna razón nadie apartaba la vista del florero de la mesa. Era como si en algún momento fuera a desaparecer y nadie quería perderse de ese suceso. Tal vez esas 3 personas sentadas en el living estaban tan concentradas en sus pensamientos que la excusa para no compartirlos era mirar aquel florero.
Ya cuando pasaban las 8 de la tarde alguien dijo:
-Tenemos que ir…esto me está matando…
-¿Estai loco? Estamos hablando de 10 palos…
-Pero el niño no tiene la culpa…ni siquiera se ha dado cuenta que no está en su casa y…
-¡Cállate! No voy a ir a Chiloé sólo para devolver al cabro chico y perder nuestra única oportunidad de pagarle al “Caña”…
En ese mismo momento, un niño de un poco más de 3 años pronunció con una vocecilla dulce y muy clara para su edad, señalando el televisor:
-Mira tía Roberta, la monjita que ayuda a la gente!
-Si cabro chico…se llama madre Teresa…
-De Calcuta- terminó su marido, mirando fijamente al niño que les salvaría el pellejo.
[Inferencias?]







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